Monday, October 6, 2008

Carta a J.L. Borges por Susan Sontag


Susan Sontag
Junio 13, 1996
New York

Querido Borges,

Ya que su literatura siempre fue colocada bajo el signo de la eternidad, no hay nada raro en que yo le dirija esta carta a usted. (¡Borges, ya han pasado diez años¡). Si algún contemporáneo nos pareció destinado para la inmortalidad fue usted. Usted fue el producto de su tiempo, de su cultura, y sin embargo supo como transcender su tiempo, su cultura en caminos mágicos. Esto tuvo que ver algo con su interés sobre todo lo que le rodeaba. Usted fue el menos egocéntrico, el más trasparente de los escritores, como también el más ingenioso. También creo, que tuvo que ver con su pureza de espíritu. Aunque viviste entre nosotros por largos años, usted perfeccionó las prácticas del estilo, y de esa manera se convirtió en el viajero imaginario de otros mundos. Tuviste ese sentido del tiempo que nadie mas pudo concebir. Nuestras ideas sobre el pasado, el presente, y el futuro te parecieron baladí bajo tu atisbo. Te gustaba decir que cada instante del tiempo contenía el pasado y el futuro, citando (creo recordar) al poeta Robert Browning, quien escribió: "the present is the instant in which the future crumbles into the past". Ello, claro está, fue parte de su modestia: su juicio en encontrar sus ideas en las ideas de los otros.

Su modestia fue parte de la seguridad de su presencia. Usted fue un explorador de nuevos juegos. Su pesimismo tan profundo y sereno, nunca nos pareció indignante. Mantuviste, en cambio, esa arista de fabulador – usted fue, antes todo, un fabulador. Su serenidad y trascendencia, a mi juicio, fue ejemplar. Enseñaste que no es necesario ser infeliz, aun cuando se es ciego de un ojo, esa condición terrible. En alguna página delicadamente sentenciaste que el escritor – es todas las personas; y que todo lo que le ocurre forma parte de una fuente creativa (en este caso, usted habló pensando en su ceguera.)

Usted ha sido una fuente para muchos escritores. En 1982 – cuatro años después de su muerte, dije en una entrevista: "No existe un escritor vivo hoy, cuya obra interese mas que la de Jorge Luis Borges. Muchos dirían que es el mayor escritor vivo de nuestros tiempos…son pocos los escritores de hoy que no hayan aprendido o imitado su obra". Eso sigue siendo cierto. Seguimos aprendiendo de usted. Seguimos imitándolo. Usted le cedió nuevas maneras de imaginar a los otros, mientras que proclamaba nuestra deuda con el pasado, sobretodo, con la literatura. Usted decía que nosotros le debemos a la literatura todo lo que fuimos y lo que seremos. Si los libros llegasen a desaparecer, la historia desaparecería, y también los seres humanos. Personalmente creo que no se equivocaba. Los libros no son solo la suma arbitraria de nuestros sueños, y nuestra memoria; también ellos nos otorgan un modo de auto-trascendencia. Algunos piensan que leer es una forma de escape: un escape de la "realidad" del día a día hacia un mundo imaginario de los libros. Los libros, sin embargo, son mucho más que esto. Son también un modo para seguir siendo humano.

Lamento confesarle que los libros hoy en día son una especie en extinción. Al referirme a "libros", también me refiero a las condiciones de la lectura, esa que hace posible la literatura y sus efectos en el alma. Nos han dicho que pronto podremos localizar cualquier texto en la pantalla digital, y que así podremos cambiar la experiencia de la lectura. Cuando los libros se hayan convertido en "textos" interactivos de acuerdo con las normas de utilidad, la palabra escrita será simplemente otro de los componentes de nuestra realidad manipulada por las vías de la promoción. Este es el futuro glorioso que nos aguarda, nuestra promesa para más "democracia". Desde luego, esto significa nada menos que la muerte interior del hombre – del libro.

Esta vez no habrá necesidad de una gran conflagración. Los bárbaros no tendrán que quemar los libros. El tigre ya está en la biblioteca. Querido Borges, por favor entienda que no siento satisfacción en mi queja. Pero, ¿a quien puede uno darle las quejas sobre el destino de los libros, o de la lectura, que no sea a usted? (¡Borges, han pasado diez años!). Todo lo que quise decir es que lo extrañamos. Lo extraño. Nos sigue deslumbrando. La era que atestiguamos, este siglo veintiuno, pondrá a prueba al alma en muchas ocasiones. Pero, puede estar seguro, que algunos de nosotros nunca abandonaran La Biblioteca Total. Usted seguirá siendo nuestro patrón, y nuestro héroe.

Susan

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Traducción de Gerardo Munoz
Gainesville, FL 2008

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